El martes, el presidente Alan García sacó a relucir su vocación de vendedor de cebo de culebra. Nos mostró sin un ápice de vergüenza su enorme capacidad de seducir a un auditorio con palabras sin significado y oraciones vacías. Hizo su presentación con cualidades de showman, pero dejó a la platea con el mal sabor de la falsedad y la mentira.Una vez más García ha enviado un mensaje demagógico, populista y electoral, sin plantear soluciones concretas a los grandes problemas de la actual realidad nacional. Por el contrario fue triunfalista y carente de autocrítica.
Alan García no profundizó en su discurso el tema de la corrupción que se viene posesionando cada vez más en todos los sectores y niveles del Estado., Por el contrario, abrió nuevos senderos para promoverla, mediante los llamados “Núcleos Ejecutores” donde, seguramente, los aprista podrán usar en beneficio propio los recursos del Estado, interfiriendo con la labor de las autoridades locales y regionales.
Alan García debió pedir, con humildad, perdón al pueblo peruano por muchas promesas incumplidas y por las muertes de policías y civiles en Bagua, y por los abandonados damnificados del terremoto del 2007 en Ica que siguen esperando.
En Salud, cómo puede ser que la prensa y el gobierno publiciten más a los fallecidos por la gripe A-H1-N1 , que no pasan de 30, cuando en realidad mueren más de 15 mil niños al año por desnutrición infantil, según índices alarmantes en la mayor parte del país. De esto no se dice nada.
Abraham Lincoln decía: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Que lo anote el presidente.
Luis Enrique Calderón
APP – Los Olivos
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