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martes, 30 de marzo de 2010

SUBTERRANEOS Y TRENES VOLADORES

Por: Luis Iberco (*)

La otra gran preocupación de los limeños, además la inseguridad, es el transporte público. Dos personas acaban de morir absurdamente, en la avenida Salaverry, atropelladas por una coaster que corría compitiendo por otra para capturar pasajeros. Ochocientas personas fallecen en Lima cada año, debido a los accidentes de tránsito ocasionados, en mayor medida, por vehículos de transporte público. Cincuenta resultan heridas cada día, por la misma causa. El asunto es muy serio.

Frente al caótico transporte público, elemento detonador del caos generalizado del transporte urbano en general, se plantean alternativas que van desde los trenes voladores hasta los metros subterráneos. Todas son buenas y factibles, pero hay que considerar dos problemas: el tiempo y los costos. ¿Y mientras tanto?
El sufrido pasajero no está en condiciones de esperar obras faraónicas que suelen demorar entre 20 y 40 años en ejecutarse (si hay presupuesto). Un “tren bala” o un “subte” son necesarios, pero si no se sale de la era combi en lo inmediato, cualquier infraestructura terminará por congestionar y enredar más el caos existente, como viene ocurriendo con el Metropolitano.

Además, en las grandes ciudades, las obras de transporte rápido masivo tipo tren subterráneo, complementan al transporte en ómnibus que, generalmente, movilizan a la mayor parte de la población.

Es necesario, en el corto plazo, una transformación de la realidad anárquica e informal del transporte público, reconvirtiéndolo en un sistema moderno, eficiente, seguro, rápido y no contaminante al servicio del pasajero y de la ciudad.

En Lima no hay exceso de vehículos. Hay desorden. Y éste empieza por la proliferación de combis y microbuses que pelean por los pasajeros dentro de la fatal “guerra del centavo”. A ello se une la existencia de casi 500 rutas diseñadas según los intereses de los transportistas, y no en función a la necesidad de los viajantes.

Hoy se desplazan por la ciudad más de 25, 800 unidades de transporte público, en su gran mayoría, combis y coasters. Para ofrecer el mismo servicio, bastarían 8,750 ómnibus convencionales (de 100 pasajeros), es decir, la tercera parte de lo que tenemos. En Santiago de Chile, se logró reducir de 24 mil a 8 mil las unidades existentes.

De manera progresiva, pero con más prisa que pausa, se debe empezar a licitar las nuevas rutas que la ciudad necesita (202 según el plan maestro), empezando por las más céntricas y avanzando hacia las periféricas. Y establecer el vehículo “padrón”, un ómnibus de gran capacidad, seguro y no contaminante, como único tipo de vehículo autorizado para las nuevas vías.

Para ello, la autoridad metropolitana debe actuar con decisión, sin dejar de buscar concertar con los transportistas (pero bajo la premisa de que la “era combi se acaba”, sí o sí), para la constitución de empresas formales.

Los transportistas que apuesten por el cambio, se beneficiarán con la venta de sus unidades viejas a la municipalidad (chatarreo), la concesión de licencias por más de 10 años y la apertura de líneas de crédito que organismos financieros internacionales ofrecen a interés “cero” cuando una ciudad cambia sus vehículos contaminantes por unidades de combustibles “limpios”.

Como están las cosas actualmente, pierde el pasajero, la ciudad y también el transportista. La salida es una reconversión, donde todos resulten beneficiados. Y a la vez que se reordena el transporte público, podemos empezar a hablar de subterráneos o trenes voladores. Mientras tanto, obras como el Metropolitano (que va a atender menos del 8% de la demanda diaria) resultan seguramente vistosas y le alegran el día a las grandes empresas constructoras, pero terminan por desplazar el caos sin solucionarlo, trasladando los embotellamientos de un espacio a otro, e incluso agravándolo.

Salgamos urgentemente, pues, de la era combi. La decisión política es lo que cuenta.

(*) Ex Congresista de la República y actual responsable Alianza Para el Progreso en Lima

miércoles, 16 de septiembre de 2009

¿Pudieron salvarse?


Por: Luis Iberco (*)
¿Pudieron salvarse? La pregunta no tendrá nunca una respuesta. Lo cierto es que los tripulantes del helicóptero de la FAP que murieron en el VRAE, incursionaron en un lugar infestado por terroristas en una nave cuyo blindaje sólo podía resistir municiones de fusil AKM o FAL.

Sería aventurado decir que, de haberse blindado las naves adecuadamente para prevenir ataques con la potente ametralladora PKM calibre 7.62 X 54R que poseen los subversivos, con un alcance efectivo de 1.500 metros, los heroicos oficiales habrían podido resistir y salir con vida.

Las balas ingresaron por las ventanas del MI 17, difíciles de blindar por razones de peso. Aún así, hay aspectos que merecen ser considerados.

En primer lugar, como lo señalamos a través de algunos medios el pasado fin de semana, y como lo ha ampliado con más detalles el diario La República, el blindaje de los cuatro helicópteros MI 17 se frustró parcialmente, cuando la FAP objetó por razones técnicas el trabajo de la empresa nacional Protemax, dedicada a blindar automóviles y ventanas de viviendas. Sus dos helicópteros quedaron simplemente con el blindaje original, apto para municiones menos potentes.

Al parecer, los resultados del blindaje de Protemax en los dos helicópteros del Ejército no fueron los mejores. Si no, ¿por qué no se empelaron esas naves para la operación de rescate? Se dice que no podían desplazarse adecuadamente por las fallas que la FAP señaló.

Hay que añadir a esta historia otros elementos. Cuando se decide blindar las cuatro naves, se presentaron varias firmas con experiencia en estos menesteres, entre ellas, la francesa-hindú AST, la colombiana Caballero, una alemana, una mexicana y dos de los Estados Unidos.

Se dice que fueron descartadas por ser sus ofrecimientos demasiado costosos. ¿Cuánto vale la vida de un oficial peruanos, profesional, entrenado durante más de una década, y amante de su patria como lo fue el Mayor Ángel Vejarano, quien nos dejó su emotivo testimonio audiovisual?

Pero hay más. También hubo una empresa nacional, Armor Security, que entró asociada y garantizada por la franco –holandesa Tecnacate Advance Armour. Su costo superó al de la empresa Protemax por poco más de 90 mil dólares.

La cifra es razonable ante un monto de 709 mil dólares que llegó a presupuestar la firma elegida. Sin embargo, según mis fuentes, y con documentos que tuve a la vista, el área cubierta por el blindaje de la cabina de los pilotos se incrementaba en un 53%, ofreciendo mayor protección a sus ocupantes, e incluía un piso desmontable para proteger el área de carga, donde suelen llevarse pasajeros y, muchas veces, autoridades de Estado. El peso excedía al requerido en apenas 28 kilos y medio.

Sería absurdo pretender asegurar que, de haber empleado un MI 17 con este nivel de protección, los pilotos habrían salvado. O que los blindajes ofrecidos por las demás empresas hubieran significado eso mismo. No podemos ponernos en esa hipótesis. Sencillamente, nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que hubo decisiones extrañas al contratar los servicios de blindaje de los helicópteros que son armas estratégicas para intervenir en una región donde el país se está jugando parte de su futuro, y en los cuales nuestros soldados se juegan la vida. Y eso debe ser investigado a profundidad. El Parlamento y el nuevo ministro de defensa Rafael Rey tienen la palabra.

(*) Ex Congresista de la República y actual responsable de Alianza Para el Progreso en Lima

miércoles, 19 de agosto de 2009

La ley mordaza del APRA: Con la sangre en el ojo

Luis Iberico Núñez
Director Nacional de Alianza por el Progreso APP
Responsable Político de Lima


La sangre de Bagua salpicó en el ojo de Mercedes Cabanillas. Obligada a abandonar el ministerio del Interior por la masacre de policías y nativos, peleó bajo la mesa para arrebatarle a Jorge del Castillo la presidencia de la comisión de Constitución del parlamento. Una vez allí, debuta poniendo en agenda una ley mordaza para la prensa nacional.

En política nada es casual. Mientras los cadáveres desfilaban por la Curva del Diablo, se cortó la señal de “Radio la Voz” de Utcubamba y se canceló su licencia argumentando razones administrativas prontamente desmentidas.

El coro oficialista denunció que las radios lugareñas incentivaban la violencia. La prensa local, y no la tozudez del régimen, resultaba ser la responsable de la tragedia amazonense. El intento de desviar culpas no prosperó, pero quedaron revueltas las entrañas de los halcones del gobierno. De allí a la ley mordaza, distó un paso.

El proyecto que introdujo el aprista José Vargas en enero, ahora es levantado al aire y rastrillado por Meche Cabanillas. Se busca, dicen, regular el derecho de las personas afectadas por afirmaciones inexactas o injuriosas, estableciendo el procedimiento para dar cumplimiento al derecho de rectificación.

Para ello se acorta el plazo de rectificación, se une al “club” a los medios electrónicos (cuidado Útero de Marita) y se señala como tercero civilmente responsable al medio de comunicación, cuando el periodista o el director no cumplan con el pago de las indemnizaciones.

Nadie duda que deban castigarse la injuria, la calumnia y la difamación. Conocemos los excesos de la prensa. Pero ya existe una Ley de Rectificación, y el Código Penal sanciona al difamador, ¿cierto Magaly Medina?

La carga del proyecto, sin embargo, está en el castigo monetario al medio de comunicación al hacerlo corresponsable del exceso. Y los primeros medios en caer serán los más débiles, especialmente la prensa local donde, desgraciadamente, hay terreno fértil y poca plata.

Por improvisación, descuido o desidia, allí suele confundirse prensa con propaganda y opinión con difamación. Y esto se mezcla con el buen periodismo, valiente y veraz, creando la confusión ideal para el zarpazo de la ley mordaza.

También se coloca en la mira a la prensa electrónica, extraordinaria ventana abierta al mundo donde sin mucho capital y bastante coraje –que siempre es bueno combinar con rigurosidad- se destapan los chanchullos que la prensa del stablishment sumerge.

En cuanto a los grandes medios, el mensaje es claro: acortar riendas, para no tener que pagar –en efectivo- las consecuencias de la libertad de sus hombres de prensa.

Apretar al medio para asfixiar al periodista, el objetivo es ese.

miércoles, 5 de agosto de 2009

EL MENSAJE DE ALAN GARCÍA: FOGONAZOS DE ÚLTIMA HORA

Luis Iberico Núñez
Director Nacional de Alianza por el Progreso APP
Responsable Político de Lima

El presidente Alan García dice estar preocupado por el fortalecimiento de la democracia. Tras reflexionar ante su espejo, como suele hacerlo, anunció en su mensaje presidencial un par de iniciativas, en un discurso no exento de sorpresas para sus propios ministros.

Propuso la renovación del congreso por mitades, y la segunda vuelta para elegir a los presidentes regionales cuando la votación obtenida sea raquítica. Para García esas son espinacas infalibles para fortalecer los alicaídos músculos del sistema democrático. Para los especialistas, placebos inoportunos que podrían complicar más las cosas. Para el resto del país, fogonazos de última hora provenientes de un gobierno que empieza su cuenta regresiva.

Fernando Tuesta señala que las segundas vueltas no brindan, en automático, legitimidad ni fortaleza alguna a los presidentes regionales que, al ser electos, cuentan automáticamente con la mitad más uno de los consejeros. La segunda vuelta podría significar gobernar con minoría en el consejo, y terminar en la anarquía que vivieron por muchos años los gobiernos municipales sin en esta situación, atados de pies y manos al cálculo politiquero y a la oposición sin respiro, para desgracia de los vecinos.

Acerca de la renovación del Parlamento a mitad del período de gobierno, el especialista en temas electorales recuerda algo elemental: esta no es una “revocatoria” donde los malos se van y quedan los buenos. Es simplemente una renovación, practicada en muchos sistemas democráticos del mundo. Los congresistas intercalarían el inicio de sus períodos de cinco años, cada dos años y medio, completándolos de todos modos.

Si García Pérez nos quiso hacer creer que esta era la depuración del parlamento, pecó de demagogo. Si él mismo cree que es así, debe revisar un poco más sus libros de derecho constitucional, antes de redactar sus mensajes a la nación. O consultar con su ministro de Justicia, que para eso está.

Una reforma constitucional para mejorar la representatividad democrática es, sin embargo, imperiosa y hay que trabajar en ella. Considero que una medida necesaria es la creación de distritos electorales pequeños, circunscripciones que congreguen a 200 mil habitantes, para elegir a cada congresista.

De este modo, San Juan de Lurigancho –por ejemplo- se subdividiría en cinco distritos electorales, y cada uno elegiría su congresista. El coloso limeño tendría cinco parlamentarios y cada cual se debería a los electores de su circunscripción.

Esto se implementaría en todo el país. Resultado: los electores sabríamos quién es nuestro representante, el representante quiénes somos sus electores. Habría un contacto directo y permanente entre ambos, así como control y fiscalización al milímetro.

La fórmula no es nueva, existe en muchas democracias. Tampoco es infalible, pero mejora la representatividad. Y no debe ser una medida aislada, sino parte de una reforma integral articulada, coherente y adecuada a nuestra realidad social y política.

Finalmente, debemos ser conscientes que la democracia no se va a fortalecer a punta de leyes, ni renovaciones por tercios o mitades. La mejor tierra para su desarrollo está en la mente de las personas, sean electores o políticos. La madurez es el gran reto, y eso exige trabajar intensamente en la conciencia del pueblo. Que los individuos dejemos de ser individuos, y pasemos a ser ciudadanos. Ese es el fondo del asunto.

jueves, 9 de julio de 2009

TRANSPORTE URBANO EN LIMA: CÓMO SALIR DE LA “ERA COMBI”

Luis Iberico
Responsable Político de Alianza Para el Progreso en Lima


¿A multas más caras, más orden en las pistas?, ¿a más años de cárcel, menos conductores ebrios atropellando niños? La desesperación nos arrastra a las fórmulas elementales. La ineptitud arrastra a la autoridad a implementarlas. George Bernard Shaw dijo que para todo problema complejo hay siempre una solución simple, que es errónea.

El último paro de los microbuseros fue a “media caña”, pero fue. Me resisto a analizar ese paro, sus motivaciones, sus porcentajes de acatamiento o desacato. Poco interesa lo que dijo el ministro tal o el dirigente cual. La cosa es ir al fondo, no chapotear en la cáscara.

La Defensoría del Pueblo dice en su informe 137 que el transporte urbano en Lima es un “desafío en defensa de la vida”. No exagera. En el Perú cada día mueren atropelladas diez personas, tres de ellas en la capital. La mayor parte de esas muertes la ocasionan dos tipos de vehículo: ómnibus y “combis”. ¿Me ensaño con los microbuseros? Que hablen los números.

Entre enero y junio del 2008 los ómnibus mataron en Lima a 67 personas, las combis a 64, las station wagon (timón cambiado) a 23, los camiones a 26 y los automóviles a 53. La cosa es seria.

El problema está en el caos, la autoridad incompetente y desarticulada, la informalidad y la ignorancia. Nació a inicios de los 90 con la liberalización del transporte público. Libertad para importar combis viejas, crear asociaciones de microbuseros, imponer rutas culebríticas y cobrar tarifas al ritmo del mercado. La planificación cayó al vacío y la autoridad miró al costado.

Era urgente que miles de despedidos de las privatizaciones y desburocratizaciones cogieran el timón y salieran a pelearse pasajeros, en lugar de irrumpir en marchas demandando puestos de trabajo. Nació la era combi, y aquí la tenemos.

Para salir hay que tomar decisiones de fondo, y no hacer piruetas metropolitanas para la tribuna. Estas marchan por cuatro ejes: planificación, formalización, autoridad y educación.

Planificar implica redefinir rutas funcionales y construir viaductos mirando a los próximos 25 años, y licitarlos. De manera progresiva pero firme, ir eliminando las combis y despejar espacios y avenidas para que circulen por ellas sólo ómnibus, mejor si son articulados. Uno de estos transportaría 160 personas ocupando 18 metros de pista. Sustituiría a 13 combis que ocuparían media cuadra, o a 160 taxis que saturarían 3 cuadras y media.

La formalización es pasar de la combi asesina a la empresa eficiente, con estándares de calidad de servicio, normas de tratamiento al pasajero, y choferes que trabajen seis horas, tengan seguro, vacaciones, jubilación y ganen una mensualidad. Así no necesitarán salir a cazar pasajeros para ganar la guerra por el centavo.

La autoridad debe hacerse respetar, articularse, establecer una normatividad clara e integral, montar una élite de inspectores, instalar cámaras de televisión manejadas desde centrales abocadas a controlar y a desatorar congestionamientos mediante semáforos inteligentes o movilizando policías en tiempo real. Ah, y también poner multas.

Finalmente, educar en seguridad vial a nuestros niños y jóvenes, así como a los principales transgresores: nosotros, los adultos. Hacer del chofer un profesional, con cursos exigentes y evaluaciones de conocimiento, físicas y psicológicas constantes.

Poner el ómnibus al servicio del pasajero, y no al revés. Allí está la diferencia.